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dijous, 21 de juny de 2012

Tina Modotti y su obra


Su fotografía fue mutando al paso de una vida presurosa, que ancló en mito. Tina Modotti fue artista autodidacta a principios del siglo XX, dueña de una subjetividad que magnificó el compromiso social que había abrazado al conocer el México posrevolucionario, que imprimió en su obra carácter documental y en ella la ideología que la acompañó hasta la muerte. De manera irreparable, el mito entró en competencia con la artista, nacida en Italia en 1896, que emigró sola a los 16 años a Estados Unidos detrás de su padre. Allí, advertido su perfil de femme fatale clásica trabajó de modelo, filmó películas mudas en Hollywood, se convirtió en musa primero del pintor Roubaix de L´Abrie Richey y luego del padre de la fotografía pura, Edward Weston, quien le enseñó el oficio a cambio de cuidar de su casa y su pequeño hijo. Con el tiempo, se convirtió en su amante y juntos llegaron a México. 
“Jamás ha anidado en ella la idea de construir ningún tipo de personaje, todo lo opuesto”, desafía Blanca María Monzón, curadora junto al alemán Reinhard Schultz de Tina Modotti. Fotógrafa y revolucionaria, la muestra con más de cien imágenes de la artista que hasta julio se exhiben en el Centro Cultural Borges. Por eso, más allá de lo fascinante de su vertiginosa vida y de la gente que Modotti conoció, prefiere hablar del sujeto textual y social que da lugar a este sujeto histórico llamado Tima Modotti. “Ergo, detesto absolutamente todos los mitos y mentiras que rodean su figura, porque realmente fue una mujer no convencional para su época, de una ductilidad y capacidad de aprendizaje poco frecuentes”. 
En las paredes de CC Borges, el recorrido por las fotografías es cronológico, en función de la línea curatorial: una vida intensa en hechos, personajes y rumbos que se manifiesta en la evolución de su obra. Allí están las imágenes que Modotti y Weston tomaron en la carpa de un circo ruso: para entonces ya habían disuelto su relación personal y Modotti se emancipó también de su maestro para desarrollar una forma de expresión propia. Mientras Weston disparó a las estructuras del techo, la aprendiz integró a las personas sentadas en las gradas. En esta primera fase de su carrera, Tina Modotti creó algunas de sus obras más famosas como "Flor de manita", de la serie Flores y plantas, y "Rosas", la fotografía que en 1991 adquirió la feminista Susie Tomkins en 165 mil dólares en disputa con Madonna, coleccionista también de Frida Kahlo. Dos años después, “Calas” –de la misma serie– se vendió en Christie’s Nueva York en 189.500 dólares, un precio récord hasta el momento. 
Organizada por la Galería Bilderwelt de Berlín, la muestra tuvo a Reinhard Schultz, su curador, presente en la inauguración. Experto aficionado, investigador y coleccionista de la obra de Modotti, Schultz comparte datos casi secretos de la biografía y su pesquisa personal detrás de las huellas de Modotti, en dosis iguales. Hacia un lado de la sala, iluminada por la calidez del anaranjado de algunas paredes, la atmósfera mexicana de la década de 20 se aparece en un puñado de retratos de campesinos, pescadores, una pila de heno, un niño trabajador… por la misma época en que Diego Rivera y Frida Kahlo estaban vivos y artistas e intelectuales del mundo entero se involucraban con el movimiento revolucionario y conformaban la vanguardia. 
“No mucha gente sabe esto –advierte Reinhard Schultz–, pero Modotti era fotógrafa de los muralistas. Cuando Rivera mostró por primera vez su trabajo, las fotos eran de ella. El año pasado se exhibieron 60 de estas fotos que tomó de Rivera y su trabajo, que nunca se habían mostrado antes”. Contó que Modotti realizó este trabajo junto al enigmático escritor alemán B. Traven, que son más que meras fotografías de obra y que 120 de ellas están en poder de la viuda del autor que se había interesado en ella como él y tantos otros, cuando por casualidad se toparon con el enigma y convirtieron esa búsqueda en un pilar de sus vidas. En 1989, Schultz compró en México la primera foto de ella, pero su interés se remonta a 1982, cuando la galería White Chapel de Londres organizó la primera exposición de Tina Modotti en Alemania, junto a Frida Kalho. “Entonces un amigo mío hizo una película de una hora sobre ella para la televisión; y otra amiga, también interesada, escribió una biografía que investigó durante 10 años, y viajó a México, a Italia fuimos juntos, y esta biografía se publicó en 1989. Después continué haciéndome de sus fotos a medida que estaban disponibles”. 
Todavía en México, Tina Modotti documentó las condiciones de extrema pobreza del pueblo en el barrio Colonia de la Bolsa, como un antecedente del paso siguiente. Su creciente compromiso la llevó a sumarse en 1927 al Partido Comunista Mexicano, hecho que tuvo correlato en la fotografía. Después de los estudios formales que habían sido los edificios y las plantas de sus primeros trabajos, hacia fines de la década del 20 Modotti se dedicó a documentar la obra de la Revolución –allí se inscriben las imágenes de asambleas de campesinos y su empleo en el periódico El Machete, hasta la síntesis de sus emblemáticos bodegones con martillos, hoces, sombreros, guitarras y mazorcas de maíz.   
Señalando una de las imágenes de esta serie, el curador alemán es categórico: “Es el estado político más fuerte al que alguien puede llegar, y nadie había usado este tipo de simbolismo político en fotografía antes de ella; es una contribución única”. Con los resultados políticos de la revolución mexicana todavía vívidos, su “bodegones” también funcionan como propaganda política: “Todo el mundo en México utilizaba símbolos muy claros porque es más fácil de comprender que si haces un discurso largo y lo escribes”, agregó Schultz sobre su perfil militante. 

El año en que todo cambió
En enero de 1929, revolucionario cubano Julio Antonio Mella –cofundador del PC de ese país– y amante de Modotti, fue asesinado a tiros delante de ella en plena calle. Una campaña mediática la acusó de cómplice. “El fue el gran amor de su vida, Tina Modotti sufrió mucho esa pérdida…con lo idealista que era ella, estar con alguien con ese grado de idealismo… una figura actualmente absolutamente revalorizada”, evalúa Blanca Monzón, mientras destaca un breve manifiesto en la misma pared que exhibe el rostro sin vida de Mella retratado por su amada, uno de los escritos de su puño y letra que se incluyeron en la muestra: “Una mañana revisábamos cosas viejas que se dejan aquí en algunos baúles, he destrozado muchas cosas, esto duele a veces, pero bendito sea el nada. (…) Desde ahora en adelante todas mis propiedades solo tendrán que ver con la fotografía; el resto, incluso cosas que amo, cosas concretas, las someteré a una metamorfosis, las transformaré de cosas concretas en cosas abstractas para así poder poseerlas para siempre en el corazón”. 
A finales de 1929, realizó su primera exposición individual, y probablemente la más importante, en la Biblioteca Nacional de la Ciudad de México. Para 1930 ya había sido acusada de conspiración contra el presidente mexicano, encarcelada durante 12 días y luego expulsada del país. Se exilió en Berlín y de allí deambuló por Moscú, París y España, antes de su regreso a México en 1939. Durante su estancia en Berlín, el fotógrafo Lotte Jacobi organizó una importante exposición de sus obras y según Pablo Neruda, Tina Modotti lanzó su cámara Graflex al río Moskva, cuando vivía en Moscú. 
“El movimiento comunista se convirtió en un factor dominante en la vida de Tina Modotti, porque no tenía a dónde ir en 1930. En Berlín no tenía ingresos –tampoco de la fotografía– ni amigos que cuidaran de ella, pero en Moscú estaba el partido comunista que la tomó, la integró, le dio un trabajo, un lugar donde quedarse. Trabajó para el Socorro Rojo sobre todo en Moscú, y por ellos fue también a la Guerra Civil Española, donde cuidó niños hasta el final de la guerra, cuando regresó a México”, revela el curador alemán. En esos años se hace amiga de Pablo Neruda, Rafael Alberti, Miguel Hernández. 
Según Blanca Monzón, “hay ciertos detalles cuasi dramáticos en su vida que hacen que las leyendas oralmente vayan transformando y distorsionando los hechos”. Una “lamentable” película sobre Frida Kahlo donde aparece su personaje es el ejemplo más cabal. Pero hay más. El rumor de que Modotti había sido espía rusa se expandió alimentado por el silencio. “Nadie sabe con quién ella se relacionaba en Moscú, en cuántas misiones participó… porque iba en misiones secretas con el Socorro Rojo a otros países como Austria y aunque fuimos a Moscú no pudimos hallar esta información”, relata Schultz. “Pero nunca fue una espía rusa, ni participó del asesinato de Trostky… Hay una increíble confusión, pero el origen de la mayoría de esos errores son las controvertidas posiciones políticas que la gente tiene. No están basadas en hechos”. 
En Viena, donde Modotti alguna vez estuvo en misión secreta, un curador escribió a propósito de la visita de esta misma muestra. "Aunque fue el cielo de México el que le dio luz a las fotografías de Tina Modotti, no es mérito de esta luz el hecho de que de su cámara fotográfica saliesen cuadros perfectos. El secreto de sus obras está en el hecho de que con la mirada de la bondad estas obras hacen más visible el mundo. Esta mirada quiso que los paisajes del trabajo, los productos del trabajo y los medios de producción, las plantaciones de caña de azúcar, la hoz mexicana, las ollas de terracota, las manos con una pala, las guitarras, los sombreros, las mazorcas de maíz tengan más gracia que las verdes praderas de la suiza. Sólo que la gente de este mundo no está feliz, ¿por qué? Es esta la pregunta contenida en su fotografía”.
Además de gran parte de la obra conocida de Tina Modotti, se exhiben fotografías de ella tomadas por el genial Weston, esas que la muestran en pose tan femenina; y en la misma sala se puede ver una de las dos películas mudas en las cuales actúa Tina Modotti; más un documental canadiense de 2009 que comparte ideales con los curadores y se proyecta los domingos después de una visita guiada.
Terminada la Guerra Civil Española, Tina Modotti regresó a México y pocos años después murió mientras viajaba en un taxi. Muchos años después, su historia revive en forma de mito y permite la perma. Una artista con sólo tres niveles de la primaria que realizó en solo siete años un aporte personal y único a la historia de la fotografía, una obra que a otros artistas, en caso que lo consigan, les lleva toda una vida y que sigue enamorando a los amantes del arte que siguen su huella en busca de alguna respuesta sobre este mundo. 
Fuente

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