Hands

dissabte, 9 de juny de 2012

Criar sin culpa

La crianza de los hijos es la tarea más ardua y complicada que puede llevar a cabo un ser humano. El compromiso de tener una criatura bajo su responsabilidad no solo económica sino moral para guiarle lo mejor posible y hacer de él o ella una buena persona, buen ciudadano, buen estudiante, amigo de sus amigos, entre muchas otras cosas, es de las tareas más complejas a las que se enfrenta un ser humano. 

A pesar de que es cierto que los padres nunca quieren hacer daño a sus hijos con intención; también es cierto que muchas veces el propio sentimiento paterno o materno de alguna culpa relacionada con el hijo o hija puede interferir y doblegar el criterio de los padres hacia conductas que terminan por hacer daño al pequeño o limitándolo de muchas maneras cuando es ya un adulto.

Las culpas carcomen nuestros corazones desde muchos puntos y pueden afectar nuestra conducta, sociabilización, incluso decisiones trascendentales terminan siendo completamente distintas cuando están sometidas al yugo de la culpa que sentimos por acciones del pasado.
Las culpas carcomen nuestros corazones desde muchos puntos y pueden afectar nuestra conducta, sociabilización, incluso decisiones trascendentales terminan siendo completamente distintas cuando están sometidas al yugo de la culpa que sentimos por acciones del pasado. Ésta no solo afecta a la persona que la siente sino también a todos los que de una forma u otra dependen de ella y que ven como las reacciones de quien toma las decisiones no siempre se realizan con la lógica y libertad que debería, todo por llevar una pesada mochila sobre la espalda.


Cuando hay niños involucrados el sentimiento de culpa puede venir de situaciones tan diversas como personas en el mundo: haberles apartado de su padre/madre, el que no tengan una figura paterna/materna como la que hubiéramos querido darles, el sentimiento reprimido de todo lo que anhelamos y no tuvimos en nuestra niñez, la imposibilidad de darles todo lo que deseáramos para ellos, y un gran etcétera que no terminaríamos nunca de enumerar. Estos múltiples factores que parecen no tener una gran relevancia si los vemos de forma aislada, pueden tener una gran repercusión en la forma como afrontamos las decisiones diarias de la crianza de nuestros hijos haciendo que sin darnos cuenta, no siempre hagamos lo más adecuado para su beneficio.

Como padres tenemos la tarea y obligación de dejar a un lado las penas del corazón para poder tomar las decisiones adecuadas en el día a día de nuestros hijos. Tomar decisiones no significa dejar de amarlos, sino reprender para enseñar cuando el niño comete un error y no dejar pasar por alto conductas que solo lo llevarán al perjuicio en el futuro. Esto solo podemos hacerlo viendo objetivamente dónde están los límites de lo que es correcto y lo que no y permitirle bajo nuestra guía que transite por ese camino, ofreciéndole siempre la mano cariñosa del amor y la disciplina que lo hará una gran persona en el futuro.
Fuente

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